La madrugada que yo nací cayó una lluvia de estrellas, yo ni lo sé de cierto porque ni me acuerdo, pero mi madre me lo contó siempre y yo me lo repito como un testimonio innegable de que estoy viva. Ahora más que nunca que duermo sin sueño y camino sin rumbo.
Me he salido de la cafetería a sentarme a la banqueta con mi desprecio y mi indiferencia y noto que he vuelto a fumar, aunque esto de fumar no tiene ya sabor para un muerto con los labios y el cuerpo entumido; he sentido que el humo caliente me recorre como un hilito de vida, el alma cada que exhalo se me va un poco más.
Fumo con estilo como el anuncio y miro las estrellas, son tantas que pretendo encontrar una forma mágica que me diga algo y no hay forma de que la encuentre pero lo pretendo igual, como el vaquero pretendía vivir en un mundo de acción y aventura igual como pretendo habitar ésta y la otra realidad…
un frío recorrió poco a poco mi brazo y se fue extendiendo hasta los pies, me paralizó en ese sitio y me mostró con la otra mano ésta apuntaba hacia enfrente. Al voltear la mirada hacia dónde me indicaba ví la carretera, el pueblo y la cafetería; ésta era la vista desde el anuncio.
En ese momento comprendí todo y resultó lógico, desde esa vista, con ese frío paralizante y con esa lejanía, desde la valla publicitaria era perfectamente comprensible: NO SENTIR…